Apertura del Perdono di Assisi 2026 (2min):
El pobrecillo de Asís, que se despoja de todo y se humilla en todo, no tiene dudas ante el papa Honorio III: Jesús mismo le pidió que se dirigiera a su vicario en la tierra, que en aquel momento se encontraba en Perugia.
A la pregunta del pontífice: “Francisco, ¿durante cuántos años quieres esta indulgencia?”, el santo respondió: “Padre Santo, no pido años, sino almas”.
Y feliz, el 2 agosto de 1216, junto a los obispos de Umbría, anuncia al pueblo reunido en la Porciúncula: “¡Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso!”…
El relato de las fuentes franciscanas ilustra, con una viveza que los siglos no han oscurecido, el origen del “Perdón de Asís”, una indulgencia plenaria que puede ser obtenida para uno mismo y para los difuntos, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto por los fieles que observen algunas condiciones visitando una iglesia: confesarse, comulgar, rezar por las intenciones del papa, recitar el Credo y el Padrenuestro.
Y Francisco le respondió sin más: «Me es suficiente con vuestra palabra. Si es obra de Dios, Él debe manifestar su obra. De esto yo no quiero documento alguno; sino que la carta sean la bendita Virgen María, Cristo sea el notario, y los testigos, los ángeles”.
Durante muchos años, esta indulgencia particular podía lograrse sólo en la Porciúncula, pero con el paso del tiempo, la posibilidad se extendió a todas las iglesias franciscanas.
¿Qué hacer para obtener la gracia de este día?
- Recibir el sacramento del perdón
- Celebrar la Eucaristía en un templo franciscano
- Orar por las intenciones del Papa
El Perdón de Asís representa un don espiritual muy precioso, símbolo de la misericordia y del deseo de salvación universal querido por San Francisco para todos los fieles. Esta indulgencia continúa siendo un signo actual de esperanza, misericordia y reconciliación, recordando que nadie está excluido de la posibilidad de ser perdonado y que la misericordia de Dios supera todo límite humano. Este gesto invita a cada persona a experimentar y a donar el perdón en su propia vida cotidiana.
El 1 de agosto se inauguró el Perdón de Asís 2026 con la celebración eucarística presidida por el Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli. Hasta la medianoche del 2 de agosto, la celebración acogerá a miles de peregrinos que llegan a la basílica de Santa María de los Ángeles para la «Indulgencia de la Porciúncula».
En su homilía, Fr. Massimo se detuvo en el motivo por el que Francisco eligió terminar su vida terrenal precisamente en la Porciúncula, un pequeño lugar «que es a la vez seno y sepulcro, cuna de una vida y umbral de su plenitud».
Recordando cómo Dios eligió a María en otro pequeño lugar, Nazaret, el Ministro general comparó el temor de la Virgen, turbada por las palabras del ángel, con nuestros temores actuales: ante la guerra, las ciudades destruidas y la violencia que nos rodea. Al igual que María, que dialogó con el Señor, también nosotros estamos llamados a «abrir caminos hacia la paz y el perdón hacia un futuro diferente», partiendo de nuestro propio contexto.
Y al hablar de Francisco, Fr. Massimo subrayó cómo el Poverello de Asís comprendió que el perdón no es un premio merecido, sino un don que hay que aceptar: «Aquí él escuchó el Evangelio que le aclaró su vocación; aquí reunió a los primeros hermanos; aquí obtuvo el perdón para todos… Al final, pide que lo depositen desnudo sobre la tierra. Bendice a los hermanos, perdona y pide perdón. Su tránsito a la gloria es un último gran acto de reconciliación».
Al enmarcar la Fiesta del Perdón en el contexto más amplio del Año Franciscano, que conmemora los 800 años de la muerte de Francisco, Fr. Massimo quiso enviar un mensaje a toda la Iglesia: «También en la Iglesia, el perdón es hoy un camino necesario. Cada vez que absolutizamos una forma, una sensibilidad, una tradición, y la utilizamos contra los hermanos, herimos la comunión y la unidad de los discípulos… Francisco nos enseña el camino: amar a la Iglesia sin dividirla». Una vez concluido el programa del Perdón 2026, el 3 de agosto comenzará «GO! Franciscan Youth Meeting», el evento que está acogiendo en Asís a miles de jóvenes europeos. El jueves, 6 de agosto, estará presente también el papa León XIV, quien, tras el encuentro con los jóvenes, presidirá la solemne celebración eucarística en la basílica de Santa María de los Ángeles.
Al término de la celebración eucarística se leyó un fragmento del Diploma de Teobaldo, el documento que transmite el origen del Perdón de Asís y el deseo de Francisco de obtener para Santa María de la Porciúncula una gracia abierta a todos. Según el relato, Francisco pidió al papa Honorio III no “años, sino almas”, para que cuantos entrasen en aquella iglesia “confesados, arrepentidos y, como conviene, absueltos por el sacerdote” pudieran recibir el perdón. Ante la grandeza de la petición, el Santo explicó que no provenía de él, sino “de parte de Aquel que me ha enviado, el Señor Jesucristo”. Y cuando el papa le preguntó qué prueba aportaría de tal Indulgencia, Francisco respondió con sencilla confianza: “Para mí basta vuestra palabra. Si es obra de Dios, a Él le toca manifestarla”, añadiendo que no quería otro instrumento sino que “la Virgen María sea el pergamino, Cristo sea el notario y los Ángeles sean los testigos”.
Después de la lectura, el Ministro general se dirigió en procesión hacia la Porciúncula. Ante la pequeña iglesia, tan querida por San Francisco, prosiguió el rito de apertura. Tras rezar el Padre Nuestro —una de las condiciones previstas para recibir la Indulgencia—, abrió las puertas de la Porciúncula y, después de un breve momento de oración en silencio, incensó la iglesia, impartió la bendición y declaró abierta la Fiesta del Perdón de Asís.
La esperanza no defrauda (2025)
"En este Año Jubilar, el perdón se convierte en camino de esperanza… y el Perdón de Asís nos recuerda que todos estamos llamados a vivirlo"
Un año Jubilar o Año Santo es siempre un acontecimiento religioso importante. Es un año de perdón, reconciliación y conversión. A lo largo de la historia se ha ido cambiando la frecuencia con la que se celebran estos años. Al principio, los “jubileos ordinarios” se celebraban cada 100 años. Más tarde, en 1343, comenzaron a celebrarse cada 50 años, y en 1470 el papa Pablo II lo hizo cada 25 años. Hay también “Jubileos Extraordinarios", como el que celebramos en 2015, en el Año de la Misericordia.
En mayo del año pasado el papa Francisco anunció el Año Jubilar 2025 con la Bula Papal Spes Non Confundit (La Esperanza no defrauda), inspirada en la cita bíblica de la Carta a los Romanos, 5,5. En el libro escrito con el mismo título y que el papa nos ofreció para vivir este jubileo, define la esperanza como la certeza de que saldremos adelante. Es esperar algo que ya es dado, no que queremos que se dé. La esperanza no nos defrauda y nos pide muy poco a cambio. Nos pide que estemos abiertos hacia el camino que con ella transitamos. Nos dice también que hay dos palabras ligadas a la esperanza: la felicidad y el perdón. La felicidad está unida a la coherencia en la vida. Las incoherencias, las trampas a la vida, el querer acelerar los tiempos, no llevan a la felicidad. Esta no se posee, sino que se vive. El perdón es un desafío diario que todos tenemos. Todos tenemos nuestra experiencia. Todos sabemos qué cosas de nuestras vidas tienen que ser perdonadas. Todos sabemos que, si uno no se siente perdonado, es difícil perdonar. Por eso la experiencia de ser perdonado ayuda a perdonar. Y en este sentido, no hay derecho a no perdonar.
Si me detengo en este tema del perdón es porque el papa Francisco nos decía a los Capuchinos que tenemos que seguir siendo hombres de perdón, no sólo en el confesonario a través del sacramento de la reconciliación, sino en distintos ámbitos de la vida. Si recuerdo esto en este número de la revista en tiempo de verano, es porque un año más, la familia franciscana, el día dos de agosto, día de Santa María de los Ángeles, celebraremos el llamado Perdón de Asís o la Indulgencia de la Porciúncula.
Dicen las fuentes franciscanas que estando Francisco rezando una noche en la pequeña iglesia de la Porciúncula, una luz brillante inundó el lugar y vio sobre el altar a Cristo revestido de luz y a su derecha a su Madre rodeada de Ángeles. Le preguntaron qué quería para la salvación de las almas y él respondió: "Ruego que todos aquellos que, arrepentidos y confesados, vengan a visitar esta iglesia, obtengan un amplio y generoso perdón, con una completa remisión de todos los pecados". El Señor se lo concedió y Francisco acudió al Papa Honorio III para obtener la indulgencia y el 2 de agosto de 1216, promulgó el Gran Perdón.
Al celebrar en este Año Jubilar el Perdón de Asís, nos recordamos que a todos nos toca vivir y traducir la esperanza en la vida concreta de cada día, en las relaciones humanas, en el vínculo con nuestro mundo y en el compromiso social y político.
Hno. Benjamín Echeverría, OFMCap







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