Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
te acerques, te deje entrar, Alegre para que, cuando Tú te presentes, veas mi alegría
- Tema: La creación como hermana: cuidar la vida, no consumirla
- Objetivo: tomar conciencia ecológica desde la ética, no solo desde la norma; entender que cuidar el planeta implica cuidar a las personas.
- Valor: Cuidado de la creación
- Adviento Franciscano: Francisco veía en todas las criaturas hermanas y hermanas, porque todas proceden del mismo Amor. Cuidar la tierra es cuidar el don de Dios.
- Conexión con las lecturas de tercer Domingo de Adviento: La creación es signo de esperanza. Isaías anuncia la tierra floreciente, Santiago nos llama a la paciencia del agricultor, y Jesús confirma la vida que renace.
3. Oración final
Señor, haznos conscientes del impacto de lo que hacemos.
Que sepamos cuidar lo pequeño: agua, luz, tierra, animales, personas.
Que nuestra manera de vivir sea también una forma de amar.
Amén.
REFLEXIÓN
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
DEL TIEMPO DE ADVIENTO
la vela de la compasión.
Cuando alguien sufre,
lo peor no es el dolor sino sentirse solo.
Nos comprometemos a mirar
el sufrimiento del otro sin ignorarlo.
ADVIENTO FRANCISCANO
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
¿Cómo nos preparamos?
Debemos ser capaces de detenernos, de parar, de hacer un alto en nuestra vida y mirarnos por dentro, de ver que frutos son los que damos…
Es el momento de reconocer que no somos tan «libres» como pensábamos, que siempre hay algo que nos hace dudar: un fracaso, un desengaño, un problema del cual no sabemos cómo vamos a salir…
Es el momento de descubrir que Dios no es un absurdo, que no es el monstruo y el causante de que todo te salga mal, el que premia a los buenos y castiga a los malos…
Para prepararnos a esperar a alguien, primero tenemos que saber a quién esperamos, es decir, conocer a ese a quien esperamos…
Y a El solo se le conoce a través de la Palabra, que es la que nos dice como es, como piensa, como actúa, y no como fue, como pensaba y como actuó, y la oración que es la que nos dice que estamos en el camino correcto y no si es larga o corta, si aburre mas o menos.
Huérfana de padre y madre, ingresó muy joven en el monasterio de las capuchinas de Barcelona, donde emitió su profesión en 1609. Cuando tenía 21 años de edad, la mandaron a Zaragoza como maestra de novicias. Después de haber gobernado este monasterio como abadesa, en 1645 fundó el monasterio de Murcia. Tuvo en alto
grado el don de la contemplación, alimentada particularmente en la meditación de la Liturgia de las Horas, y al mismo tiempo una caridad solícita hacia las hermanas. Fue beatificada el 23 de mayo de 1982 por Juan Pablo II. Sus restos descansan en el monasterio de las Capuchinas del Malecón, justo al lado del Colegio de maristas. ¡Beata María Ángela Astorch, ruega por nosotros!
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Hemos llegado al final de un tiempo litúrgico que se despide entre hoy y el sábado, y el próximo domingo primero de Adviento daremos inicio a un nuevo año decimos adiós al ciclo "c" y al Evangelio de San Lucas que nos ha acompañado en cada celebración dominical. Y daremos la bienvenida al ciclo "A" y al Evangelio de San Mateo que volverá a traernos los misterios de la vida de Jesús y todo se renovará si dejamos que de verdad toque nuestro corazón.
Empieza este domingo y con el tiempo de Adviento, un nuevo año litúrgico. La Iglesia marca el curso del tiempo con la celebración de los principales eventos de la vida de Jesús y de la historia de la salvación. Al hacerlo, como Madre que es, ilumina el camino de nuestra existencia, nos sostiene en las ocupaciones cotidianas y nos orienta hacia el encuentro definitivo con Jesucristo, el Rey del Universo. Tenemos todo un año por delante, para disfrutar de la Palabra y del encuentro gozoso con Cristo y con su Cuerpo, que es la Iglesia. Amemos la Pascua y el domingo que son el centro del Año litúrgico.
El Año litúrgico nos marca el ciclo anual de los misterios de Cristo, de la Virgen María, unida a la obra salvífica de su Hijo, y de las memorias de los mártires y de los santos que interceden por nosotros. Pero sobre todo en el calendario del año litúrgico encontramos las celebraciones de los misterios de la redención cristiana, centrados en el Misterio pascual de Nuestro Señor Jesucristo.
“Durante todo el año iremos centrando nuestra atención en el encuentro con la persona de Jesús. Para un cristiano lo más importante es el encuentro continuado con el Señor, estar con el Señor. El Señor viene todos los días, para que, con su gracia, podamos amar de verdad y hacer el bien. Nuestro Dios es un Dios-que-viene, y que viene continuamente: ¡Él no decepciona nuestra espera! Nunca lo hace. Se hace esperar quizás algún momento en la oscuridad para hacer madurar nuestra esperanza, pero nunca decepciona. Siempre viene, siempre está a nuestro lado. A veces no se deja ver, pero viene siempre. Ha venido en un preciso momento histórico y se ha hecho hombre para cargar sobre él nuestros pecados. Vendrá al final de los tiempos como juez universal; y viene también una tercera vez, en una tercera modalidad: viene cada día a visitar a su pueblo, a visitar a cada hombre y cada mujer que le acoge en la Palabra, en los Sacramentos, en los hermanos. Jesús, nos dice la Biblia, está en la puerta y llama. Está en la puerta de nuestro corazón y llama.
¡Comprometámonos a vivir todo este año litúrgico con fe y perseverancia, escuchando la Palabra y siendo fieles a la participación en la fracción del Pan, la misa, que alimenta nuestro amor y nuestra esperanza!
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Queremos dar gracias a Dios por la vocación que se convierte en servicio. Porque un maestro no es solo quien imparte la lección de una asignatura; es quien, con paciencia infinita y un corazón generoso, enciende la chispa de la curiosidad en cada uno de sus alumnos.
Vosotros los docentes sois faros de luz. En ocasiones, la materia puede parecer compleja, el camino del aprendizaje puede tener baches, pero vosotros siempre estáis ahí, guiando a los alumnos con firmeza y cariño. Nos enseñáis a no rendirnos, a preguntar '¿por qué?' y a creer en nuestro propio potencial, incluso cuando nosotros mismos dudamos.
Gracias por las horas extra que dedicáis a preparar una clase especial, por la sonrisa que nos anima cuando tenemos un mal día y por ver en cada estudiante no solo a un alumno, sino a la persona en la que podemos convertirnos.
Vuestra labor siembra semillas de futuro, y por eso, hoy y siempre, os damos las gracias de corazón. por vuestra vocación y vuestra entrega .
ORACIÓN
Señor, Dios bueno y fiel, te damos gracias por quienes respondieron y siguen respondiendo a la llamada de educar, por su paciencia, su entrega cotidiana y su corazón abierto.
Bendice a quienes siembran esperanza en las aulas, a quienes acompañan con ternura el crecimiento de niñas, niños y jóvenes.
Dales sabiduría para enseñar con claridad, fuerza para sostenerse en el cansancio y alegría para seguir formando vidas con generosidad y fe.
Haz de cada maestro y maestra testigo de tu bondad, artesanos de justicia, y sembradores de paz.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Rey que no humilla sino que libera,
Rey que no oprime sino que levanta,
Rey que no exige sino que sirve:
En este día te entregamos nuestro corazón,
nuestras sombras y nuestros miedos,
nuestras esperanzas y nuestros anhelos.
Reina en nuestras familias
para que haya más diálogo y menos juicio.
Reina en nuestra comunidad
para que construyamos puentes y no muros.
Reina en nuestro país
para que florezcan la justicia, la paz y la dignidad.
Haznos humildes como Tú,
misericordiosos como Tú,
compasivos como Tú.
Enséñanos que tu Reino está cerca
cada vez que amamos, perdonamos, servimos
y dejamos que tu luz entre en nuestras heridas.
Jesús, Rey de amor,
Rey crucificado y resucitado,
reina en nosotros hoy y siempre. Amén.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

¡Señor, antes de hacer el examen
dame paz, ven conmigo!
Concédeme la simplicidad y la alegría
de cosechar el fruto de las semillas que
planté en las horas de silencio y estudio.
Que el examen sea la ofrenda del esfuerzo
de estudiar cada día en medio de
mis alegrías, soledades y preocupaciones.
¡Que no haya orgullo cuando sepa mucho
ni miedo a recordar lo que aprendí!
No te pido milagros, solo la lucidez
que dinamice y de fuerzas a mi corazón.
Quédate Señor a mi lado, tú que
más de una vez fuiste puesto a prueba.
¡Concede que quienes han de examinarme,
sean razonables y justos con todos los que
vamos a examinarnos, que tengan paciencia y paz!
¡Señor, mi Dios, escúchame y ayúdame!
¡San Francisco, intercede por mi!
¡Ven espíritu Santo, ilumíname
y líbrame de todo miedo! Amen.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».(Lucas 23, 35-43)
Padre bueno, gracias por regalarnos la música y por darnos una voz para cantar, hablar y compartir alegrías. En esta semana de la música te pedimos que, como Santa Cecilia, sepamos ser fieles a Jesús y vivir con amor y esperanza. y por enseñarnos, a través de Francisco, que todo lo creado canta tu amor
Ayúdanos a usar nuestra voz para cosas buenas: para dar gracias, para animar, para hablar de paz y para llevar tu mensaje. Que nuestras palabras y canciones sean siempre notas que construyan amistad y alegría.
Señor, que nuestra vida sea como una canción que nunca desafina, llena de amor y coherencia. Que, aunque haya problemas o críticas, nunca dejemos de cantar tu verdad y tu Evangelio.
Danos fuerza para seguir tu camino, para que con cada gesto y cada palabra podamos darte gloria y hacer del mundo un lugar mejor, gracias por la música que suena en la naturaleza. Ayúdanos a cuidar la tierra, a respetar la vida y a unir nuestra voz a la gran melodía de la fraternidad. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Sin silencios no hay melodía. El silencio no es vacío, es espacio para escuchar lo importante. En la música, las pausas hacen que todo tenga sentido. En la vida pasa igual: necesitamos momentos para parar, reflexionar y escuchar la voz de Dios. ¿Cuánto tiempo dedicamos al silencio? ¿O dejamos que el ruido nos robe la paz? Aprendamos a valorar el silencio, de esta forma en medio del ruido haremos pausas para escuchar lo esencial y vivir en armonía.
Padre bueno, gracias por regalarnos la música y por darnos una voz para cantar, hablar y compartir alegrías. En esta semana de la música te pedimos que, como Santa Cecilia, sepamos ser fieles a Jesús y vivir con amor y esperanza. y por enseñarnos, a través de Francisco, que todo lo creado canta tu amor
Ayúdanos a usar nuestra voz para cosas buenas: para dar gracias, para animar, para hablar de paz y para llevar tu mensaje. Que nuestras palabras y canciones sean siempre notas que construyan amistad y alegría.
Señor, que nuestra vida sea como una canción que nunca desafina, llena de amor y coherencia. Que, aunque haya problemas o críticas, nunca dejemos de cantar tu verdad y tu Evangelio.
Danos fuerza para seguir tu camino, para que con cada gesto y cada palabra podamos darte gloria y hacer del mundo un lugar mejor, gracias por la música que suena en la naturaleza. Ayúdanos a cuidar la tierra, a respetar la vida y a unir nuestra voz a la gran melodía de la fraternidad. Amén.
San Francisco no solo escuchaba música hecha por instrumentos, sino la música que Dios puso en la naturaleza: el canto de los pájaros, el murmullo del viento, el sonido del agua. Para él, todo era alabanza. Hoy podemos preguntarnos: ¿sabemos escuchar esa música que nos rodea? ¿O vivimos tan rápido que no la percibimos? La creación es como una gran sinfonía que nos invita a cuidar la vida y agradecerla.
Padre bueno, gracias por regalarnos la música y por darnos una voz para cantar, hablar y compartir alegrías. En esta semana de la música te pedimos que, como Santa Cecilia, sepamos ser fieles a Jesús y vivir con amor y esperanza. y por enseñarnos, a través de Francisco, que todo lo creado canta tu amor
Ayúdanos a usar nuestra voz para cosas buenas: para dar gracias, para animar, para hablar de paz y para llevar tu mensaje. Que nuestras palabras y canciones sean siempre notas que construyan amistad y alegría.
Señor, que nuestra vida sea como una canción que nunca desafina, llena de amor y coherencia. Que, aunque haya problemas o críticas, nunca dejemos de cantar tu verdad y tu Evangelio.
Danos fuerza para seguir tu camino, para que con cada gesto y cada palabra podamos darte gloria y hacer del mundo un lugar mejor, gracias por la música que suena en la naturaleza. Ayúdanos a cuidar la tierra, a respetar la vida y a unir nuestra voz a la gran melodía de la fraternidad. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Imaginemos por un momento: Nuestro Colegio San Buenaventura es como una gran orquesta. En una orquesta, no solo hay instrumentos grandes como tambores o pianos. Hay flautas, violines, y hasta un pequeño triángulo. Cada uno tiene un sonido único y especial.
En nuestro colegio, cada uno de nosotros es un instrumento. Los profes, los niños de Infantil y de Primaria los chicos y chicas de Secundaria y Bachillerato... ¡todos!
Vuestra risa es el ritmo. Vuestro trabajo y esfuerzo es la melodía. Vuestra bondad con el compañero es la armonía.
Si alguno falta o no pone su corazón, la música no suena igual. Para que nuestra Orquesta Capuchina suene con alegría franciscana, necesitamos poner atención, escuchar al otro y sonar juntos en armonía y amor.
En esta semana queremos mirar a la Virgen María de manera especial Ella "la estrella matinal que nuestros pasos guía". Ella es el mejor ejemplo de la "Música de Dios" en el mundo. Cuando dijo "Sí" a Dios, fue como si la melodía más hermosa se hubiera encendido en su corazón. Ella no era un instrumento ruidoso, sino un instrumento afinado por el Espíritu Santo, que siempre supo escuchar y responder a la voluntad de Dios. María nos enseña: A afinar nuestro corazón en la oración, para que nuestra vida no suene desafinada por el egoísmo o el mal humor.
Oración
Al comenzar esta semana especial dedicada a la música y a los pidamos al Señor que abra nuestros oídos y nuestro corazón. Que en cada clase, en cada recreo, y en cada momento de oración, sepamos escuchar el sonido del Evangelio. Que la pasión de Santa Cecilia y la humildad de la Virgen María nos inspiren para que nuestra vida sea siempre una hermosa canción de amor en esta gran orquesta que es nuestro Colegio San Buenaventura. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
DEL EVANGELIO DE SAN LUCASComo algunos decían que el templo era muy bello por sus piedras tan hermosas y por los exvotos, dijo: «Llegará un día en que de eso que veis no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido». Y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál será la señal de que estas cosas van a cumplirse?».Él contestó: «Mirad que no os engañen, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: "Yo soy el mesías" y "El tiempo ha llegado". No los sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y de revoluciones, no os alarméis, porque es necesario que eso suceda; pero todavía no será el fin». Y continuó diciendo: «Se levantarán pueblos contra pueblos y reinos contra reinos; habrá grandes terremotos, hambre y peste en diversos lugares, sucesos espantosos y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo esto, os echarán mano, os perseguirán, os llevarán a las sinagogas y a las cárceles y os harán comparecer ante los reyes y los gobernadores por causa mía. Esto os servirá para dar testimonio. No os preocupéis de vuestra defensa, pues yo os daré un lenguaje y una sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Hasta vuestros padres, hermanos, parientes y amigos os entregarán, e incluso harán que maten a algunos de vosotros. Todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.(Lucas 21, 5-19)
En esta línea, la Palabra de Dios que hemos escuchado nos recuerda que nadie, por sus éxitos o capacidades personales, o por su situación social o económica, puede creer que está ‘a salvo’: “Llega el día en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja” (1ª lectura); y, en el Evangelio, “como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida»”.
Esto ha de llevarnos a tener presente lo que también dijo el Papa Francisco: «En esta barca, estamos todos. Descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos». El próximo Domingo, como Iglesia, celebraremos la Jornada Mundial de los Pobres, este año con el lema: ‘Tú, Señor, eres mi esperanza’, unas palabras que, como dice el Papa León XIV en su Mensaje, «brotan de un corazón oprimido por grandes dificultades»
ORACIÓN
Señor Jesús, roca firme y esperanza de los humildes, Tú conoces el clamor de los pobres y escuchas su oración. Ellos confían en Ti, incluso cuando todo parece perdido, y nos enseñan que solo quien se apoya en tu amor encuentra fuerza para seguir caminando. Tú, Señor, eres nuestra esperanza. Cuando las riquezas engañan y los poderes del mundo se imponen, Tú permaneces fiel. Haz que tu Iglesia no olvide nunca que los pobres son tus preferidos, no como objeto de compasión, sino como maestros de fe y de esperanza. “Para que el hombre pueda comprender más profundamente la revelación, el Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe con sus dones”. Despierta en nosotros la valentía de servir, la alegría de compartir, y el compromiso de transformar las estructuras que generan pobreza e injusticia. Enséñanos que ayudar al pobre no es sólo un acto de caridad, sino un deber de justicia y una respuesta a tu Evangelio.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Durante esta semana hemos rezado para que la ciencia sea un camino hacia la paz y el desarrollo. Hemos recordado que el conocimiento no es solo poder, sino responsabilidad: responsabilidad de cuidar la vida, de proteger la creación y de construir un mundo más justo. La ciencia sin valores puede dividir, pero la ciencia con amor y solidaridad une y transforma. Hoy cerramos esta celebración con gratitud y con el compromiso de seguir buscando la verdad para servir, no para dominar. que usemos lo que aprendemos para cuidar la vida y respetar la creación. por la curiosidad que nos lleva a buscar respuestas
y por todos los que dedican su vida a investigar y mejorar el mundo.
Enséñanos a usar la ciencia con responsabilidad y bondad,
a no buscar solo el éxito, sino el bien común.
Que el conocimiento sea un camino hacia la justicia,
que la tecnología sirva para cuidar la vida,
y que nunca olvidemos que la verdadera sabiduría nace del amor y del respeto.
Como San Francisco de Asís,
que supo ver en cada criatura una lección de Dios,
En este contexto, es fundamental reconocer la importancia del papel de la ciencia y de los científicos en la creación de sociedades sostenibles. De igual manera, es necesario informar a los ciudadanos sobre su utilidad y comprometerlos con el desarrollo científico y tecnológico. Estos son los principales motivos de la celebración de esta semana Mundial de la ciencia para el desarrollo y la paz.
Te damos gracias por la inteligencia humana,
por la curiosidad que nos lleva a buscar respuestas
y por todos los que dedican su vida a investigar y mejorar el mundo.
Enséñanos a usar la ciencia con responsabilidad y compasión,
a no buscar solo el éxito, sino el bien común.
Que el conocimiento sea un camino hacia la justicia,
que la tecnología sirva para cuidar la vida,
y que nunca olvidemos que la verdadera sabiduría nace del amor y del respeto.
Como San Francisco de Asís,
que supo ver en cada criatura una lección de Dios,
ayúdanos a ser constructores de paz con lo que aprendemos. Amén.
- Fortalecer la concienciación de la sociedad sobre el papel de la ciencia para las sociedades pacíficas y sostenibles.
- Promover la solidaridad nacional e internacional para compartir la ciencia entre países.
- Renovar el compromiso nacional e internacional para el uso de la ciencia en beneficio de las sociedades.
- Presentar los desafíos que enfrenta la ciencia y fomentar el apoyo a la labor científica
Te damos gracias por la inteligencia humana,
por la curiosidad que nos lleva a buscar respuestas
y por todos los que dedican su vida a investigar y mejorar el mundo.
Enséñanos a usar la ciencia con responsabilidad y compasión,
a no buscar solo el éxito, sino el bien común.
Que el conocimiento sea un camino hacia la justicia,
que la tecnología sirva para cuidar la vida,
y que nunca olvidemos que la verdadera sabiduría nace del amor y del respeto.
Como San Francisco de Asís,
que supo ver en cada criatura una lección de Dios,
ayúdanos a ser constructores de paz con lo que aprendemos. Amén.
San Francisco de Asís nos mostró otro tipo de sabiduría: la del corazón que observa la creación y ve en ella la huella de Dios.
En este día, damos gracias por todas las personas que investigan, enseñan, curan, protegen y buscan soluciones para que el mundo sea más justo, más humano y más pacífico. Que la ciencia, la fe y el amor caminen siempre juntas, porque solo así habrá paz y verdadero desarrollo.
Te damos gracias por la inteligencia humana,
por la curiosidad que nos lleva a buscar respuestas
y por todos los que dedican su vida a investigar y mejorar el mundo.
Enséñanos a usar la ciencia con responsabilidad y compasión,
a no buscar solo el éxito, sino el bien común.
Que el conocimiento sea un camino hacia la justicia,
que la tecnología sirva para cuidar la vida,
y que nunca olvidemos que la verdadera sabiduría nace del amor y del respeto.
Como San Francisco de Asís,
que supo ver en cada criatura una lección de Dios,
ayúdanos a ser constructores de paz con lo que aprendemos. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
En aquel tiempo, se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN
Gracias, Señor, por tu amistad,
Gracias, Señor, por el amor de amigo que nos ofreces.
Gracias, Señor, porque eres siempre fiel.
quiero entender por qué fuiste capaz de hacerte hombre
para ser amigo del hombre; quiero entender tu paciencia
en esperar un nuevo sí de cada hombre.
Quiero vivir las exigencias de la amistad:
comprender... antes que ser comprendido;
deseo de ayudar... antes que ser ayudado;
deseo de servir... antes que ser servido;
deseo de dar... antes que recibir.
En el momento de la dificultad,
no permitas que me aleje de ti.
En mis horas de debilidad, sé tú más amigo.
En los momentos de desaliento, llámame.
Cuenta, Señor, con mis brazos
dispuestos para construir un mundo mejor. AMÉN
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
nuestros corazones se levantan hacia Ti
en busca de tu mirada.
Escúchanos, Señor.
Da respuesta a nuestras preguntas,
y ayúdanos en nuestras inquietudes,
Tú que eres nuestro Dios
en quien nosotros confiamos.
En este nuevo día, ponemos en tus manos
nuestros miedos e ilusiones.
En tus ojos, ponemos la pureza y sinceridad
de nuestra búsqueda.
Guíanos, Señor, Tú que eres bueno
y que tu Espíritu Santo
nos ayude en cada paso.
Que nuestra boca sea hoy
la expresión de nuestro interior;
que nuestras palabras
arranquen de lo profundo,
y sean verdaderas.
Señor, danos un corazón limpio
para que podamos ver.
A Ti abrimos los proyectos y planes
de nuestra clase: Acompáñanos.
A Ti ofrecemos lo que somos
y lo que tenemos: Acógelo.
A Ti, que eres Dios de la Vida,
te pedimos fuerza: Anímanos.
Que nuestros corazones
se alegren y regocijen hoy
porque todo lo esperamos de Ti.
Bendice, Señor, este nuevo día
y guíalo por el camino justo. Amén
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.








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