Danos, Señor, el gusto de ser hermanos de todos, el gusto de vivir una vida compartida, de recibir agradecidos para poder dar gratuitamente.
Danos la capacidad de ver la riqueza escondida de la gente que vive a nuestro lado, y la pobreza necesaria para dar sin esperar nada a cambio.
De este modo, libres de ambiciones, podremos abrazar verdaderamente al mundo y entregarnos sencillamente a la tarea de construir tu Reino siguiéndote por los caminos de la vida viviendo y proclamando tu Evangelio.
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