El sabor ácido es un sabor muy peculiar, no es agradable, pero al mismo tiempo
nos gusta. Es el sabor de muchas de las “chuches” que más éxito tienen. Pues,
el sabor de la respuesta a la llamada de Dios es un poco como el sabor ácido,
no tenemos claro si nos gusta, pero sí que tenemos claro que nos atrae.
Eso es lo que le pasó a María cuando el ángel Gabriel le hizo
aquella propuesta tan peculiar de ser la madre de Jesús.
Cuando el
ángel se presentó ante María, lo primero que le dijo fue que estaba llena de
gracia, que Dios se había fijado en ella y la había mimado desde siempre.
María recibe esa invitación a alegrarse, se fía y dice sí. Decir sí a Dios es
la gran tarea de todos los cristianos.
Sin embargo, muchas
veces,tendemos a decir sí a nuestros gustos, a lo más fácil,… El sí de María
no es así; cuando María dice hágase lo que hace es decir sí a Dios sin
reservas, sin medir lo que ese sí va a traer detrás.
María es el
modelo de todo cristiano, es nuestro modelo como discípulos, como discípulas
de Jesús.
Virgen María, Madre nuestra,
ayúdanos a tener un corazón como el tuyo,
amando y trabajando por los pobres,
a compartir algo de los que nos sobra,
a ser justos, ser personas de paz,
y dispuestos siempre, como Tú, a ayudar. Amén.
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